Como las ventanas de una escabrosa casona de campo, con los umbrales alicaídos, las persianas rasgadas y sin cristal alguno, mis ojos han quedado después de observar ya toda la belleza de esta mundo, solo los cierro con la esperanza de algún día al abrirlos volver a ver algo nuevo, algo diferente, algo llamado… bueno ya no importa.
