Es lo que trato de hacer, todos los días, veo hermosos y extraños pedazos de cristal sucios, quebrados, con poco valor, repartidos por todo el desierto, mi curiosidad me lleva a recogerlos aunque pueda dañarme las manos, de hecho ya lo hice. Se me raja el espíritu por no poder alcanzarlos todos, mientras mas tomo, mas pierdo y es que los que ya tenía en mi poder resbalan y quedan detrás sepultándose en la arena al igual que mis heridas, sucias. Se que cuando la brisa sea fuerte y levante el polvillo que me cubre, la pureza me dañara aun mas. Pero tus cristales me mantienen cautivado, no hay tiempo para limpiar viejas cicatrices, no hay tiempo para recoger los trozos caídos, hay tiempo para olvidar y volver a dañar.
